La prosperidad sin crecimiento, elemento clave para un futuro Estado del bienestar

Elena Plaza, periodista   /    Fotografía: Daniel López

Si algo quedó claro en la mesa redonda ‘Un estado del bienestar verde y feminista’ es que tanto la igualdad como el medio ambiente son asuntos transversales que se ven condicionados y condicionan a todo, pero que alcanzarlo depende de la voluntad de quien gobierne. En un marco contributivo, donde sólo reciben los que primero aportaron, las políticas neoliberales han dejado de lado servicios básicos que se han visto asumidos por las familias, y en concreto por las mujeres, como señalaban tanto Carolina del Olmo, filósofa y autora del libro ¿Dónde está mi tribu?, como Begoña Cueto, profesora titular en el departamento de Economía Aplicada en la Universidad de Uviéu.

Para Cueto, cuyo campo de investigación es la situación de los colectivos vulnerables en el mercado, “hay que tener en cuenta que cuando hablamos de igualdad de oportunidades no hablamos sólo de empleo o sanidad, hablamos de todo porque afecta a todas las políticas”. Tiene claro que considerar las políticas de género como neutrales “es un error porque suponen discriminación. No hay una predisposición genética de las mujeres a realizar determinado tipo de trabajos. Y esto da lugar a una brecha en la formación, que se traduce en la brecha salarial, que provoca la división sexual del trabajo y que afecta a la participación laboral y ciudadana de las mujeres frente a los hombres”.

Y de ahí se traduce la necesidad de elaborar políticas de conciliación para los hombres, trabajando ese cambio de mentalidad que propicie una sociedad más igualitaria y que en estos momentos se traduce en la precarización del trabajo de las mujeres, como ejemplo el de los cuidados, y las consecuencias que tienen a largo plazo. Cueto también incidió en el hecho de que los hombres tienen libertad de elección en el mundo laboral, pero las mujeres no, ya que antes de decidir pensaron en cómo va a afectar a todo el entorno familiar y, en función de ello, decidirán, con lo que esa libertad ya se ve coartada.

Carolina del Olmo se mostraba totalmente de acuerdo en este punto y destacaba también la importancia de una renta básica, en lugar de prestaciones puramente contributivas ligadas al empleo, aunque reconoce la dificultad de armonizarlas, y señalaba la no correlación entre el sistema, basado en familias tradicionales de épocas pasadas con un progenitor dedicado al trabajo productivo y otra al reproductivo y varios menores, y la actualidad, donde las familias fundamentalmente monomarentales suponen un cuarto de la población. La precarización y la feminización de la pobreza es un hecho cuando hablamos de que la tasa de pobreza infantil es del 40%, con especial incidencia en estas familias encabezadas por una progenitora.

El profesor retirado de Economía Aplicada de la Universidad de Uviéu Enrique Pañeda introdujo un concepto en cierta manera polémico, surgido en los años 70 y posteriormente trató de ser ocultado, que es la prosperidad sin crecimiento. “Se tiene que compatibilizar la vida en este planeta y hay que hacerlo gobernando desde muchos aspectos. Este nuevo concepto rescatado nos dice cómo tenemos que acostumbrarnos a prosperar sin crecer. El pacto por el cambio climático obliga a reducir las emisiones de carbono, eso obliga a reducir los procesos energéticos, lo que afecta a las actividades productivas. El problema es que nos hacen la pregunta capciosa a corto y largo plazo de si queremos medio ambiente o desarrollo. Nos quieren hacer elegir aunque no tengamos opciones”, resaltó Pañeda.

Y en esta línea entran otras políticas más imaginativas, donde se desligue las protecciones del empleo, donde las mujeres tengan derecho a quererlo todo, los hombres se impliquen en la corresponsabilidad, dejando de hablar de “políticas de mujeres, ya que son transversales” y apuntando hacia una reducción de jornada laboral de 35 horas semanales en lugar de las 40 actuales (cuyo sistema tiene más de un siglo y la sociedad actual y sus necesidades poco tiene que ver con aquélla) como ejemplo de prosperidad sin crecimiento.